lunes, 20 de abril de 2009

DANIEL LARUSSO... ¡A LA COLA!



Sabido es, que a la hora de buscar referentes masculinos, las mujeres optan por un Pablo Echarri, Brad Pitt, o algo no tan carilindo como Sean Pen o Juan Palomino (bueno, ahí me excedí en lo feo), pero lo que escuché en un asado, días atrás, me dejó sin palabras.

Luego de unos cuantos Fernet, ya que el asado y la cerveza se habían acabado, junto con la borrachera, llegaron también las bolupreguntas.
El público en general, por no decir todos a excepción mía y el anfitrión -que aseguraba no haber vestido nunca a un Temerario-, no superaban los 30 años.
Un comentario de unos de los novios de la mesa, dio lugar a que su chica, lo acusara de tener mal gusto, a excepción de cuando la eligió ya que se encontraba bajo los efectos del alcohol.
Ahí nomás, otra de las muchachas en cuestión, sugirió hacer un debate acerca de los gustos raros de cada uno (hablando del sexo opuesto).
Susana Gimenez, cuando era joven, Soledad Silveyra, y algún que otro vagarto más (mezcla de rea/vaga con lagarto) se puso sobre la mesa. La infaltable Coca Sarli, no dejó de ser nombrada, pero por supuesto fue retirada, ya que no era considerado gusto raro, sino popular.
Cuando llegó la hora de las mujeres: la cosa se puso áspera. Una no tuvo mejor idea que nombrar a un comentarista de fútbol (realmente feo con ganas). Otra, a un periodista que luego de varias descripciones, llegamos a confirmar que era tan feo como el comentarista. En ambos casos, no recuerdo los nombres. Pero, sin dudas el plato fuerte fue cuando uno de las participantes alcoholizadas dijo:
- A mi me encantaba el que trabajaba en Karate Kid… ¿cómo se llamaba?
Todos los hombres nos miramos al mismo tiempo y la carcajada fue unánime.
- Daniel Larusso! – exclamó uno que supo aguantar la respiración para no seguir riéndose.
Las risas y golpeteos en la mesa fueron tan fuertes que casi se desarma.
- ¡No podes! – dice su amiga que estaba al lado.
- No chicos, no hablo de Daniel San. ¡Hablo del otro!
Ahora todos nos callamos, las risas se apagaron y nos empezamos a mirar desconcertados.
- Esta bien, ya se de quien está hablando.
Todos lo miramos, más sorprendidos aún y con caras de que terminara la frase.
- ¡El rubiecito que hacía de malo!
- Ahhhhhhhhhhhhhh – suspiramos todos.
La chica en cuestión se muerde los labios con bronca y sal al ataque como defendiendo a su novio de película.
- Yo digo el que le enseña a Daniel San…
- ¿El Sr. Miyagui? – dice uno de los chicos como si hubiese masticado un limón.
- ¡Sí! Ese mismo.- dice orgullosa.
Creo que ese comentario hizo que todos recuperáramos la sobriedad. Por suerte una de las mujeres se ofreció a preparar café, y nosotros, los hombres, nos limitamos a hacer un minuto de silencio para recordar a un macho como el Sr. Miyagui

Sobre gustos… no hay nada escrito. ¡Aguante Sr. Miyagui! ¡Ese si que era macho, macho!

martes, 7 de abril de 2009

Enseñanzas de macho a macho

Cumplía 18 años cuando mi padre, algo asustado por la estadía de la virginidad en mi cuerpo, hace uso de las máximas machistas y así, hacerme entender que tenía que tomar decisiones, que no eran justamente de hombre, sino de MACHO.

Lugar:
Plaza Sesamo (mentira, una plaza cualquiera)
Personajes:
Padre, mi perro Elmer, Yo, Mi Virginidad.

Padre: Hijo, es hora que entiendas que hay mujeres para cada necesidad – dice asustado por mi reacción, mientras se cubre la cara haciéndose que se acomoda esos bigotes que le quedaron de la dictadura.

Hijo (o sea yo): Aja – con mirada de virgen (¿me explico?) y también de fastidio, porque los hijos queremos evitar a toda costa esas charlas que ya nos encargamos de aprender en el colegio.

Padre: ¡Nene! ¿me estás escuchando? – se pone nervioso por la situación y por mi trastorno de atención, que en aquellos tiempos, la Ritalina era suplantada por el Sr. Psicólogo (o sea el cinturón).

Hijo/Yo: ¡Sí! Te escucho, solo que este perro se va a cualquier lado… ¡Elmer, vení para acá! – Y aprovecho para irme lo mñas lejos posible.

Al ser un Cocker el perro y ver un poco de pasto salió corriendo como siempre, al mejor estilo Forrest Gump. Yo no soy raza Cocker, pero tener que hacerme el alumno cuando no aprobé la materia de “macho” no me dejaba más opciones que correr tanto como mi perro.

Media hora más tarde…

Padre: ¡Nene! al fin volviste. Deja a ese perro y prestame atención.
Esta vez el perro salió corriendo, pero yo no conté con la misma suerte y me senté en el mismo banco que mi padre, para escuchar lo inevitable.

Padre: En la vida te vas a encontrar con muchos tipos de mujeres…

“Ojalá” pensaba yo, ¿pero donde corno están?. Obvio que no lo dije en voz alta, sino iba a recibir todo el peso en mi cabeza, de La Nación del Domingo con revista y todo.

Padre: A las mujeres tenes que hacerles el amor y luego matarlas – dice muy serio

Hijo/Yo: ¿Matarlas de verdad? – hice la pregunta al mejor estilo Susana Giménez.

Mi padre se mordió los labios y pensó en sacudirme con el diario, pero aún no lo había desarmado, así que se encomendó al cielo y siguió con sus máximas.

Padre: Matarlas del corazón, ¿me explico?

Hijo/Yo: Fuerte y claro.

Mi padre, que ya no quería serlo (al menos ese día), se sigue fastidiando por mis respuestas subtituladas de películas yankies.

Padre: Y a otras… - me mira y observa que mi atención se dispersó por la llegada de mi mejor amigo Elmer. (ojo que dije amigo, no amante)

Hijo/Yo: ¿Otras que papi? – digo sacándome los mocos y escurriéndolos entre mi pantalón corto y mis piernas peludas.

Padre: Nada hijo, otras… nada. ¿Volvemos a casa?

Hijo/Yo: Ya se papi, y a otras ni siquiera hacerles el amor.

Padre: Plop

Elmer: Plop

Mi virginidad: Plop

¡Decir “TE AMO” es de macho!

Lo cierto es que en el mundo que hoy vivimos, esa frase se ha vuelto algo así como una mala palabra y decirlo, necesita tener más cojones que decir “Soy Gay”. Los psicógolos 2.0, hicieron un upgrade freudiano y nos motivan a no rotular las cosas. Parece que tener la libertad de amar a alguien es sinónimo de opresión, castigo, carcel, y vaya a saber cuantas pavadas más. ¿Que no me creen? A las pruebas me remito, Sr. Juez.

Lugar:
Mi humilde autito de dos puertas
Personajes:
Ella, Yo, El perrito con cabeza de resorte, vos.

Ella: Muack Muack Muack
El (o sea yo): Para un poco. – agarrándole la cara con las dos manos – Te amo.
Ella: mmmm no te creo.
Ambos volvemos a los besos. Manos por acá, manos por allá. Y la vuelvo a agarrar del cuello.
El/Yo: Quiero que sepas que te amo.
Ella: Bueno. Gracias
El/Yo: ¿Gracias?
Ella carraspea, se acomoda en el asiento y dispara la frase que esta de moda.
Ella: Mirá, Si estoy acá con vos en el auto a los besos, es porque lo que siento es muy fuerte. Pero escuchar esa palabra me asfixia. Me gusta la libertad. Esto de rotular la relación o poner este tipo de frases, solo hacen que me den ganas de salir corriendo – ahora mirándose en el espejo de la visera del acompañante.
El/Yo: ¿O sea que tampoco somos novios? – Digo iluso, creyendo que todavía queda algo de romanticismo tradicional en este mundo.
Ella: decime, ¿Quién te enseñó a decir tantas malas palabras?
Ambos reímos, pero mi risa fue exageradamente falsa.
El/Yo: Mira, está todo bien, ahora quiero hacerte una pregunta, que quizás te incomode, pero realmente necesito saberlo.
Ella: Si, decime…
El/Yo: ¿Estas yendo a algún psicólogo?
Ella: ¡Sí! – Dice entusiasmada - ¿cómo te diste cuenta?
Miro a mi amigo (el perro que me mueve la cabeza confirmando lo que pienso) y digo algo resignado
El/Yo: No, por nada, solo fue una intuición.
Ella: Ay ¿a vos también te pasa lo mismo? Porque a mi me paso que cuan…
El/Yo: Sí, esta bien, no hay drama, otro día lo hablamos, pero si no te enojas me tengo que ir a casa, mañana me tengo que levantar temprano.
PLOP (Dijo Condorito)