martes, 7 de abril de 2009

Enseñanzas de macho a macho

Cumplía 18 años cuando mi padre, algo asustado por la estadía de la virginidad en mi cuerpo, hace uso de las máximas machistas y así, hacerme entender que tenía que tomar decisiones, que no eran justamente de hombre, sino de MACHO.

Lugar:
Plaza Sesamo (mentira, una plaza cualquiera)
Personajes:
Padre, mi perro Elmer, Yo, Mi Virginidad.

Padre: Hijo, es hora que entiendas que hay mujeres para cada necesidad – dice asustado por mi reacción, mientras se cubre la cara haciéndose que se acomoda esos bigotes que le quedaron de la dictadura.

Hijo (o sea yo): Aja – con mirada de virgen (¿me explico?) y también de fastidio, porque los hijos queremos evitar a toda costa esas charlas que ya nos encargamos de aprender en el colegio.

Padre: ¡Nene! ¿me estás escuchando? – se pone nervioso por la situación y por mi trastorno de atención, que en aquellos tiempos, la Ritalina era suplantada por el Sr. Psicólogo (o sea el cinturón).

Hijo/Yo: ¡Sí! Te escucho, solo que este perro se va a cualquier lado… ¡Elmer, vení para acá! – Y aprovecho para irme lo mñas lejos posible.

Al ser un Cocker el perro y ver un poco de pasto salió corriendo como siempre, al mejor estilo Forrest Gump. Yo no soy raza Cocker, pero tener que hacerme el alumno cuando no aprobé la materia de “macho” no me dejaba más opciones que correr tanto como mi perro.

Media hora más tarde…

Padre: ¡Nene! al fin volviste. Deja a ese perro y prestame atención.
Esta vez el perro salió corriendo, pero yo no conté con la misma suerte y me senté en el mismo banco que mi padre, para escuchar lo inevitable.

Padre: En la vida te vas a encontrar con muchos tipos de mujeres…

“Ojalá” pensaba yo, ¿pero donde corno están?. Obvio que no lo dije en voz alta, sino iba a recibir todo el peso en mi cabeza, de La Nación del Domingo con revista y todo.

Padre: A las mujeres tenes que hacerles el amor y luego matarlas – dice muy serio

Hijo/Yo: ¿Matarlas de verdad? – hice la pregunta al mejor estilo Susana Giménez.

Mi padre se mordió los labios y pensó en sacudirme con el diario, pero aún no lo había desarmado, así que se encomendó al cielo y siguió con sus máximas.

Padre: Matarlas del corazón, ¿me explico?

Hijo/Yo: Fuerte y claro.

Mi padre, que ya no quería serlo (al menos ese día), se sigue fastidiando por mis respuestas subtituladas de películas yankies.

Padre: Y a otras… - me mira y observa que mi atención se dispersó por la llegada de mi mejor amigo Elmer. (ojo que dije amigo, no amante)

Hijo/Yo: ¿Otras que papi? – digo sacándome los mocos y escurriéndolos entre mi pantalón corto y mis piernas peludas.

Padre: Nada hijo, otras… nada. ¿Volvemos a casa?

Hijo/Yo: Ya se papi, y a otras ni siquiera hacerles el amor.

Padre: Plop

Elmer: Plop

Mi virginidad: Plop

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